miércoles, marzo 31, 2010

Esencia

Decías que la vida era bella
y que el que ama se encuentra…

...Que si decides partir
es porque aún no hay respuesta
que lo que el alma murmura
lo escuchan hasta las piedras
esas piedras que ruedan
y se pisan
y se entierran
esas piedras que se enraizan
que lastiman
y ensangrentan
son tus sueños apagados
son gangrena
son demencia
son pecados no vividos
son del cuerpo la impotencia
esas piedras que se pierden
que se esconden
que atormentan
y a tu paso se deforman
se detienen
se revientan
esas piedras que no sienten
que no lloran
que no mueren
que no piensan...
............................................................
Soy una piedra
perdida en la hierba...
............................................................

lunes, marzo 22, 2010

miércoles, marzo 10, 2010

La loca




















Una loca llora.

Con sus manos
dibujó mareas
porque aún creía
en las horas que no habían nacido.

Loca que nos llama
no soporta el silencio.

Busca rastros
huellas
ecos
vías
nombra mundos que no conoce
y su corazón despierta
enmedio del murmullo
de los que la llaman loca.

Ruega por el amor
que una vez le robó el sueño
cuando era otra su locura
cuando se escondía en la herida
cuando era más que una sombra...

miércoles, marzo 03, 2010

Mi crónica del concierto de Metallica

Las 5 de la tarde nos pareció buena hora para salir de mi trabajo y partir por Lázaro Cárdenas hacia el Estadio 3 de Marzo, donde 4 horas más tarde estaría viviendo la más grande experiencia musical.


Iván estaba un poco nervioso porque momentos antes se le había complicado encender el auto, y esa cosa que nos transporta siempre “se pone sus moños” cuando más lo necesitamos, pero no le dimos mucha importancia, dada nuestra prisa por llegar cuanto antes al lugar del evento. Esta vez el tráfico se puso de modo y sin mucho contratiempo pronto estábamos rondando la zona de Av. Patria y Pablo Neruda buscando estacionamiento. Ya nuestro amigo Enoc -quien junto con el Uri, su hermano (del Uri) y otro compañero de ellos, Alberto, creo, ya estaban dentro del estadio unas horas antes que nosotros- nos había advertido que la cuota era de 50 pesos, pero cuando nosotros llegamos ya costaba 100 pesos, ¡Ni madres! –se comentó-, así que seguimos buscando un poco más lejos, tranquilos los dos porque era temprano y teníamos nuestro lugar asegurado. No pasó mucho tiempo cuando a unas tres cuadras descubrimos un bonito lugar, solito y sin aparente cuidador, cosa que nos pareció rara, así que luego de asegurarnos que estaba disponible y no había problema, decidimos dejar el auto ahí. Ya todo estaba resultando fácil y sencillo para nosotros, por lo que contentos nos dirigimos al estadio.

En la entrada todo ágil también, sin filas ni toqueteo corporal a la hora de la revisión por parte del personal de seguridad. Y de pronto ya estábamos ahí, en menos de una hora, buscando a los amigos para tomar nuestro lugar.

El sol estaba pegando duro en la gradería oriente y lo ideal era beber una refrescante cerveza, pero el costo y la marca ayudaron a contener las ganas; no es tacañez, pero no quise pagar tanto por una reducida cantidad de cerveza que ni siquiera es de las buenas (Cerveza Sol, ¡uuaagg!). La cosa cambió cuando descubrimos que se estaban vendiendo en vasos conmemorativos negros con la imagen de Metallica, fue cuando obligué a Iván a conseguir por lo menos uno. 80 pesos me pareció un precio razonable por la utilidad y el valor estimativo que tendría el vaso. Luego ya la cosa se puso divertida por la guerra de insultos que se suscitó entre la gente de las diferentes zonas por aquello de quién pagó más y quién tenía mejor lugar. ¡Pobres, pobres, pobres! –empezaron a gritar los de mi zona. ¡Hijos de mamá! –respondieron los de la zona trasera central. ¡Mi chacha es tu mamá! –se la regresaron los primeros-; ¡Fresas, fresas! –decían los “pobres”, ¡Se les va el camión!, fue la respuesta de regreso... Y cuando los "pobres" no sabían qué responder, sólo se limitaban a aplaudir con ironía...

Todo ese relajo sirvió para que la espera fuera un poco más divertida. En las pausas de esa pelea, la diversión la daban tipos locos, ávidos de llamar la atención, que restregaban a todo el público el hecho de haber conseguido boleto para la mejor zona. Los abucheos, chiflidos y lanzamiento de cerveza y cualquier tipo de objeto no se hicieron esperar. El más divertido de ellos fue ese al que apodamos “El Buki” por su parecido con el astro grupero, jajajajajaja... peor ofensa no pudo haber recibido. Igual parecía disfrutar bastante del odio que se ganó de inmediato por parte de la mayoría. Para ese entonces el estrés de un San Lunes ya había desaparecido por completo.

Como a eso de las 7 se empezaron a escuchar las primeras notas metaleras de Maligno, con un pésimo sonido, lo cual nos preocupó un poco. El mal sonido hizo que no prestáramos mayor atención a la banda y siguiéramos entretenidos con los gritos a todo aquel que se acercaba a la barra de cervezas, y no faltaba el clásico grito de “¡Chichis, chichis!” cuando alguna mujer pasaba.

Luego como a las 8, ya estaba tocando Mastodon, banda que con más de 10 años de trayectoria, ya cuenta con una gran número de fans. Me gustó su música, pero nuevamente el sonido no hizo mucho por la emoción del público.

Y luego todo cambió cuando pasadito de las 9 de la noche se escucharon los primeros acordes de “Creeping Death” y de ahí en adelante todo fue euforia, éxtasis y locura que no se cesaron ni un momento por más de dos horas. James Hetfield, Lars Ulrich, Kirk Hammett y Robert Trujillo, lograron conectarse a la perfección con las más de 30 mil almas que todo el tiempo corearon cada una de las canciones interpretadas por esta increíble banda. “Do you feel it?”, preguntaba James a cada rato. Y un poderosísimo “¡Yeaaahh!” era la respuesta de la gente que se entregó por completo esa noche.

El clímax de la noche se dio cuando en el escenario estalló el fuego y las luces pirotécnicas que hicieron más impresionante el espectáculo, como una introducción perfecta para "Master of puppets", "Nothing else matters" y "Enter sandman", temas que iban a ser el cierre de la presentación. “Enter sandman” trajo para mí el mayor momento de éxtasis de la noche. ¡De lo mejor! Para entonces mi garganta, mi cuello y mi melena ya no daban para más.

Como ya es costumbre, la petición de “otra, otra, otra...” los aplausos y el “oeeee oeee, oeee, oeee, oeee, Metaaaaaa-licaaaaaa" se dejaron escuchar, para que inmediatamente Hetfield y compañía volvieran al escenario a deleitar al público con la tan solicitada “Seek and Destroy”

Con un cariñoso "Metallica ama a Guadalajara", y un montón de demostraciones de afecto hacia el público, esta legendaria banda se despidió de la Perla Tapatía.

Y nosotros disfrutamos de la más grande experiencia musical de nuestras vidas. Gracias a estos señorones de Metallica, quienes han demostrado que son por mucho la mejor banda después de los Beatles; sus letras, su sonido, su maestría en el escenario, y esa deferencia hacia los fans, los han colocado en el lugar más importante del rock mundial.

Lo que viví esa noche, aún lo estoy saboreando y ha dejado en mí una huella que jamás se borrará. Con todo y que nuestro carro cumplió con lo temido y llegamos de madrugada a casa a bordo de una grúa. Pero como dice el dicho: “A mí lo bailado, ya nadie me lo quita...”

martes, marzo 02, 2010

Metallica en Guadalajara - Para la historia

 

Reseña
El sonido fue pólvora

Cuando Metallica tomó anoche el escenario del estadio 3 de Marzo cinco minutos después de las nueve de la noche, arrancó la pandemia. Un grito energético y casi salvaje se escuchó al unísono cortesía de más de 30 mil personas cuando se apagaron las luces y a través de dos pantallas gigantes se observó la famosa escena de la cinta “El bueno, el malo y el feo”, donde precisamente el personaje “feo” corretea por entre las tumbas de un cementerio.

De ahí en adelante, la tranquilidad quedó triturada por los próximos 120 minutos. Lo mejor del asunto fue que Metallica reunió a público de todas las edades —incluso había muchos niños menores de diez años acompañados por padre sobre la cancha —, donde credo, clase social, ropa o nacionalidad poco importaron.



La noche pintaba para ser histórica y lo fue en cada una de las 18 canciones que se escucharon. No era para menos: Lars Ulrich (batería), Kirk Hammett (guitarra), Robert Trujillo (bajo) y sobretodo James Hetfield (voz, guitarra), salieron para echarse a la bolsa la euforia de miles de gargantas que acompañaron con sus cuerdas vocales los himnos de hard rock y metal que la banda originaria de Los Ángeles ha compuesto con férrea garra desde los ochenta.


Cuando los primeros acordes del tema “Creeping death” sonaron en todo su esplendor, el ímpetu general en todas las zonas del estadio 3 de Marzo fue creciendo conforme pasaron los minutos. Por increíble que parezca, todos los presentes tuvieron la mejor de las vistas, ya que toda la parte trasera del escenario era una gran pantalla por donde se proyectó cada movimiento, risa, gesto y rictus de emoción de cada integrante de Metallica.



Como era de esperarse, James justo después de terminar el track abridor, gritó a pulmón batiente “are you with us?” (¿están con nosotros?), frase que fue cumplida al pie de la letra por el público hasta el final. Durante la primera parte de la velada, los fanáticos de hueso colorado disfrutaron canciones no tan famosas como “The tour horsemen”, “Through the never” o “Fade to black”, mientras que las masas prendieron su flama justo con la energética “Master of puppets”, que también sirvió para inaugurar los juegos pirotécnicos que engalanaron muchos temas en la recta final. Ahí, sobre el escenario que mostró un segundo piso desde donde muchas veces cantó Hetfield, brotaron lenguas de fuego al más puro estilo de Kiss; incluso una serie de cohetes fueron lanzados en el clímax de, por ejemplo, “Nothing else matters”, corte que fue sin lugar a dudas el más coreado y que prácticamente hizo llorar de emoción a más de alguno. Con “Enter sandman” Metallica cerró su concierto. Enseguida, el clásico coro de “oe-oe-oe” fue creciendo hasta convertirse en un reclamo. Ni tardos ni perezosos, el vocalista y compañía regresaron uno por uno para entonar tres temas extras a manera de encore. “Seek & destroy” puso punto final a la noche.

Las luces del estadio se prendieron y miles de caras (algunas en trance, otras con el cansancio escurriéndose entre gruesas gotas de sudor) buscaron la salida, mientras los tímpanos seguían vibrando con la potencia de la música que minutos atrás inundaba cada metro cuadrado. Y sí, la historia en materia de conciertos en Guadalajara tiene una nueva sección donde el nombre de Metallica está escrito con gruesas letras.

David Meléndez/Milenio.com